Cristianos Tibios en Política

Cristianos tibios

Cristianos Tibios

En estos días en que escuchamos que muchos de nuestros hermanos están muriendo por causa de los movimientos extremistas islámicos, hermanos que debemos honrar por su compromiso, por su amor a la verdad, hermanos preciosos que derraman su sangre, que son calcinados en vida, hermanas que son crucificadas desnudadas para avergonzarlas, hermanos valientes que no venden su primogenitura por causa de sumar unos pocos años a esta vida temporal, hombres y mujeres de los cuales este mundo no es digno, seres humanos pacíficos extraordinarios que no se defienden, que no se rinden ante las huestes satánicas que quieren destruir sus cuerpos pero que no podrán alcanzar jamás sus almas. ¿Cómo no admirarles? ¿Cómo no honrarles? ¿Cómo no expresar el enorme respeto que me inspiran?

 

Entonces miro a mi alrededor y pienso si entre nosotros puedo encontrar ese mismo tipo de entrega y de amor incondicional entre mis hermanos de occidente. Sin duda que los hay. Si viniese la persecución muchos hermanos que conozco no renunciaran, ni negaran a Jesús por salvar sus vidas o sus propiedades, pero lamentablemente también debo decir que no todos me parecen capaz de amar al Señor más allá de su vida. Porque en sus hechos actuales basta que “esta” religión les avergüence un poco y ya no se sienten “tan” cristianos.

 

Aquí unos ejemplos tomados de la vida real, de algunos que, diciéndose cristianos, a la más mínima presión, se transforman en defensores de la causa “anticristiana”.

 


El pre-apóstata
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Este tipo de hermanos prefiere sus propias convicciones antes que la sana doctrina. Normalmente sus convicciones nacen de sus “ideales políticos”, comúnmente socialistas, los cuales confunden sus ideales con la koinonía cristiana. Así cuando sus líderes políticos declaran abiertamente que son ateos, no les importa. Para ellos es más importante lo que su corriente filosófica dice, o lo que ese líder político dice defender, y menosprecia la escritura cuando exclama que sólo el necio dice “no hay Dios” (Salmo 14:1). Tampoco le importará cuando estos líderes querrán defender el aborto, justificándolo con los pocos nacimientos que ponen en peligro la vida de la madre, o por hijos nacidos de violaciones (las estadísticas en todas partes donde el aborto ha sido aprobado es mayoritariamente por conveniencia, no por necesidad imperiosa); justificará  las uniones y adopciones homosexuales, a pesar de que la escritura es clara al respecto (Romanos 1:23-32). Dirá que él no cree en esa interpretación de la escritura, dirá que es “tu interpretación”, que él tiene otra interpretación más moderna, que el amor es más importante, y como Dios es amor, estas uniones “llenas de amor” son lícitas.

 

Normalmente, limitará la responsabilidad personal, culpando a toda la sociedad del desastre moral, los ricos probablemente serán los chivos expiatorios que justificará el actuar del ladrón y del asesino. Este último será puesto al mismo nivel que el policía quien, por defender el orden y la ley, se ve compelido a usar su arma de servicio en contra de esos “pobres jóvenes idealistas”, esos extremistas que salen a las calles con armas a causar desorden y violencia.

 

Propugnará un tipo de sociedad atea que ha demostrado una y otra vez su ansia de sangre humana  con capacidad para asesinar a millones y su incapacidad de generar riqueza, educación, salud, o cualquier otro beneficio mínimo. Pero este hermano no ve nada malo en esto. Para él los “pobres” están primero y no una religión o una iglesia que no se preocupa por “los más pobres”, ni siquiera la Palabra de Dios será relevante.

 

¡Ah! He notado en estos hermanos son muy agradables al mundo, les gusta mucho maldecir. Les encantan las groserías y las expresiones de doble sentido. Es que así son más del “pueblo” y no “mojigatos” como los otros cristianos.

 

Si hoy llegase el Anticristo a gobernar, nos diría que no somos lo suficiente modernos, ni que estamos interesados en el progreso de la humanidad pues ¡No queremos esa “marca” que nos ayudará a organizarnos más eficientemente! En ese momento su apostasía se hará evidente.

 

El que no discierne los tiempos


Este es un hermano simplón que no ve nada malo en los cambios culturales, es más, que es una pérdida de tiempo oponerse a los “hechos consumados” de nuestras sociedades. No lee nunca su escritura pero dicta cátedra acerca de Dios y de lo que Él quiere. Tiene algunos principios aprendidos como “ama a tu enemigo”, “ama a tu prójimo como a ti mismo”, y con eso cree que, “amando” es la forma aceptada por Dios de hacer su voluntad. Lo que no sabe es que el “amor a su manera” no es el amor de Dios. Oponerse abiertamente al desvarío de nuestra cultura, para ellos, manifiesta una gran falta de amor.

 

Al contrario, rápidamente se oponen a aquellos que quieren “imponer” lo que la Biblia enseña. En su boca esta frase se escucha con frecuencia: ¿No es este un libro con errores? ¿Escrito por hombres? Más encima ¿mal interpretado? Y como gran argumento final dicen: “es que la Iglesia ha ocultado los otros evangelios”. Y le dan a estos escritos, que tampoco leen, el mismo valor que a la Escritura. Por supuesto, los que creemos, “tan alineados con la Biblia”, somos fanáticos. Otra frase típica de estos pensadores es: la verdad es relativa. Todos tenemos verdades diferentes. Por lo tanto, tu verdad no es mi verdad.

 

La iglesia para este tipo de “creyentes” siempre está compuesta por líderes perversos que se quieren aprovechar de los pobres seguidores. Es más, piensan que sólo los bobalicones asisten regularmente a la congregación. La gente “inteligente” se ha dado cuenta que reunirse es sólo para que “le pidan dinero y los exploten”. Ellos prefieren ser libres para pensar lo que su conciencia les indique y no participar en una congregación que les obligará a poner a prueba ese amor que proclaman con personas reales, que tienen defectos, que se equivocan. No existe ningún compromiso con la Iglesia. No colaboran. No ayudan a sus hermanos. Lo único válido es criticarlos y apuntarles con el dedo desde su cómodo sillón para ver el «reality» de moda.

 

El dirá que no es bueno alzar la voz en contra de los “estados islámicos” pues eso es llamar a la guerra santa y que no tenemos amor de verdad si denunciamos lo malo que hacen.


Todos estos creyentes, de alguna manera, siempre estarán al otro lado de la vereda en donde se encuentra la iglesia. Justificará al agresor, no al que se defiende. Justificará ingenuamente la acción de estos grupos en el contexto de que debemos amarlos y poner la otra mejilla. No comprende que mientras algunos de nuestros hermanos derraman su sangre por causa del Señor, nosotros estamos aquí para levantar la voz, para ayudarles, para orar, para pedir a las Naciones Unidas que detenga este genocidio. Que cualquier sistema, religión o ideología que roba, destruye y mata, proviene del averno y debe ser detenida. Y que la espada de la justicia está para detener la maldad de estos hombres.

En realidad, sobran los cristianos tibios en política. Lamentablemente, ya tenemos incluso un partido que se autodenominan “Demócratas Cristianos” pero votan por el aborto (genocidio infantil), votan a favor de pervertir a nuestros niños en prácticas homosexuales (antes incluso que tengan conciencia de lo que sexo significa). Tienen ministros de educación que instruyen a los colegios a alentar fantasías y enfermedades psicológicas no tratadas, como lo es la no identificación con su sexo biológico, instructivo que van en contra de nuestra constitución. 

Y, por supuesto, en nuestras iglesias, tenemos todos esos cristianos tibios que no levantan su voz aunque la maldad toque a sus familias, a sus colegios, a sus comunas, a su país. Amigos, creyentes compatriotas, déjenme decirles que su compromiso con el Señor, que no pongo en duda, no se les nota. ¡Hagan algo! Para este momento, Dios nos ha llamado, para luchar por nuestra cultura construida sobre la sangre de los mártires.

 

Marco Guerra
Director Ejecutivo
Fundación Desarrolla